Una sentencia injusta
1909
Francisco Ferrer Guardia, pedagogo y librepensador comprometido con la renovación social y educativa, fue víctima de una de las grandes injusticias de la historia contemporánea de Cataluña y del Estado español.
El año 1909, en el contexto de la Semana Trágica, fue acusado sin pruebas consistentes y juzgado en un proceso lleno de irregularidades. A pesar de la carencia absoluta de garantías judiciales, Ferrer y Guardia fue condenado a muerte y fusilado en el castillo de Montjuic.
Su ejecución provocó una oleada de indignación internacional y puso en evidencia la represión contra las ideas progresistas y la libertad de pensamiento. Hoy, más de un siglo después, persiste la necesidad moral y política de reconocer la injusticia cometida y restituir el buen nombre de un hombre que luchó por una educación laica, libre e igualitaria.

La anulación de la sentencia no es solo un gesto de justicia histórica, sino una afirmación de principios democráticos.
Ferrer Guardia representa una manera de entender la educación como herramienta de transformación social, basada en la libertad de conciencia y la razón. Reivindicar su figura es también reivindicar una sociedad más justa, laica y plural. Esta demanda se inscribe en el compromiso con la memoria democrática y en la voluntad de evitar que la arbitrariedad del poder vuelva a imponerse sobre los derechos fundamentales.
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